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lunes, 7 de septiembre de 2009

Ordeñar la vaca de los impuestos

Seguramente, muchos de ustedes han jugado alguna vez a mover con un palito una tela de araña hasta que la araña de repente se revuelve creyendo que su víctima está a tiro. Es a esto lo que ha estado jugando con nosotros el gobierno. En estos últimos días a través del ministro de fomento, José Blanco, quien ha empleado las palabras en lugar del palito para despertar y confundir a la ciudadanía creando un enredo al escarbar la economía con los impuestos y en un momento precisamente delicado.Según las declaraciones del ministro – cuánto le cuesta distinguir su papel de vicesecretario general del PSOE y ministro– que el gobierno tenía pensado subir los impuestos y que tendrían que pagar los que más tienen. Por otra parte, desde esta columna comentábamos hace poco sobre los problemas que el país enfrentaba cuando un estado entraba en recesión, los efectos del déficit público y el estado de bienestar. También comentamos las posibilidades y los riesgos que asumía el gobierno al aumentar del déficit público consecutivamente.

La experiencia nos demuestra, que en efecto, alrededor del 90% de las consolidaciones fiscales (financiamiento interno) hechas mediante el aumento de los impuestos fracasaron, posiblemente porque muchas de ellas, se llevaron a cabo en situaciones y condiciones de extrema complejidad, es decir, con un marco de indicadores macro económicos desfavorables, de forma que, el recurso impositivo propuesto por el Gob., puede ser un paliativo, sin mayores consecuencias para el Estado para mitigar la penuria presupuestaria que padecemos pero con grandes efectos sobre la población. De hecho la opinión pública tiene dudas, sobre el efecto de cualquier medida impositiva que no contribuyera a la producción y a la generación de empleo, que son los verdaderos caballos de batalla para vencer la guerra al desempleo, y de esto es, de lo que menos podemos presumir en el país.
Veamos brevemente el curso del proceso. En el año 2007, fue el año cuando el Gob. implementó una rebaja impositiva arriesgada, grande y ambiciosa, es verdad que la locomotora marchaba con un crecimiento de 3.7%, y por ello, rebajó todos los impuestos, el IRPF redujo sus tramos, redujo el tipo máximo, se aumentó el mínimo exento, y se ampliaron muchas de las reducciones aplicables. El Impuesto de Sociedades (IS), bajó el tipo – recordemos que tiene un tipo único – nada menos que del 35% al 30%. Probablemente, estas cifras no digan nada si las ponemos en contexto. Según cálculos del gobierno, la rebaja afectaba de una u otra manera al 99,5% de los contribuyentes , excluyendo de la tributación a un 40% del total.
Durante la fiesta inmobiliaria de aquel año, el goloso pastel que generaba el sector inmobiliario, se ofrecía como la manzana de Eva, donde el gobierno como Adán no dudó en hincar los dientes, y así todos caímos en la trampa de las rebajas impositivas, aún sabiendo las señales que estaba dando la burbuja inmobiliaria, lo peor de todo, llegó en el momento más inadecuado que se podía imaginar, es decir, cuando estallaba la crisis, confirmando tiempo después, que el hechizo de las rebajas fiscales son, en el mejor de los casos, un bien que tiene malas compañías. Cuando lo correcto hubiera sido, que aquellos réditos que tiraban el carro español sirvieran como un colchón de reserva para corregir las anomalías que se habían acumulado después de ordeñar la misma vaca tantos años. Pero fue una buena lección, para evaluar la escasa sagacidad del gobierno para predecir el futuro y su escasa apreciación de los riesgos.
Es comprensible, que las rebajas fiscales en tiempos de bonanza sean muy golosas para los políticos, sin embargo, los impuestos de cualquier índole que sean son impopulares y dolorosos para el bolsillo del contribuyente, si bien es cierto, que la reducción en épocas de bonanza es mucho más fácil, porque se ve compensado en alguna medida por el ingreso de los impuestos indirectos. Como era de esperar, el boom inmobiliario, se inflamó tanto, que el globo explotó, revolviendo la totalidad de la economía, y ahora estamos en esas, mirando haber de dónde sacamos los recursos para ajustar otro presupuesto inflado por los vándalos autonómicos, que negociaron al alza sin importarles la crisis, al contrario, merodean para que su tesoro nadie lo toque. ZP se encuentra sin armas y lucha en solitario para conseguir los fondos comprometidos y seguir tapando los huecos del camino (cría cuervos y te comerán).
Aunque en materia impositiva España fue considerada tradicionalmente como el más bajo del conjunto de la OCDE. La siguiente comparación nos ilustra mejor. Los ingresos impositivos en porcentaje del PIB, en 2007 – año de la reforma – este ratio era de 37.2% (datos de la OCDE). Esta cifra estaba por debajo de la media de la OCDE Europa (38%), de Francia (43,6%), de Noruega (43,4), de Italia (43,3), Holanda (38%). Sin embargo estamos por encima de países como Estados Unidos o Japón.A esto, hay que añadir que aquel año, la tasa de crecimiento era superior a la mayoría de nuestros socios europeos. Es decir, que con más actividad económica, teníamos menos ingresos impositivos. Eso solo puede ser porque la presión fiscal en España era inferior al resto de los países. Como consecuencia de lo anterior, era evidente que España en términos impositivos, tomara el camino de la convergencia con la media de la UE 27; según datos del último informe de tendencias impositivas de Eurostat, España pertenece a esos países con bajos impuestos en el 2000 que han experimentado incrementos hasta el 2007. Esto significa que desde esa fecha, los impuestos no han hecho sino aumentar.
Entonces, si esto es así, ¿dónde está el margen de maniobra del gobierno?. Sin duda los impuestos sobre el consumo, en España son de los más bajos de toda la UE. Efectivamente ocupa el puesto 25 de ingresos por impuestos indirectos. Esto es debido al bajo nivel de IVA que tenemos comparado con otros miembros de la UE. El problema que se genera al incrementar el impuesto tiene dos consecuencias. Por un lado, puede tener un impacto negativo sobre el consumo interno disminuyendo la demanda. De otro lado, hay efectos inflacionarios que se derivan de trasladar el incremento del impuesto a los precios de consumo, por lo que, la medida impositiva sola, no sería el instrumento más idóneo para los tiempos que corren. Adicionalmente, el apaño de los impuestos indirectos, comporta una buena dosis de injusticia social, porque penaliza las rentas más bajas, toda vez que los impuestos indirectos son pagados por igual por todos los ciudadanos con independencia de su nivel de renta.
Otro elemento son las rentas del capital (impuestos directos), que en los últimos años han dado mucho que hablar. Efectivamente, la volatilidad del capital ha hecho que dentro de la misma UE existiera competencia fiscal entre países para atraer con el anzuelo de los bajos impuestos a inversores extranjeros. No obstante, en los últimos años en España, los ingresos por impuestos sobre el capital se han incrementado de forma espectacular. Esto es debido en parte, al "boom" que el país ha experimentó en los últimos años, y al aumento de los impuestos pagados por las empresas. En resumen, los ingresos impositivos derivados del capital, ahora mismo representan de los más altos de toda la UE (ocupamos el 4º puesto), según los expertos el incremento del presupuesto por esta vía sería además de menor impacto en el volúmen de ingresos.
Otros grupos de opinión indican que uno de los capítulos donde el gobierno podría tocar mejor la estructura impositiva estaría en el sector medioambiental. Curiosamente España es de los países donde dichos impuestos son de los más bajos, e incluso donde más bajaron en los últimos años (en todos los países de la UE estos impuestos han bajado, España ocupa el 4º lugar). Por lo que, no tomar este camino parecería hasta contradictorio, siendo nuestro país firmante del protocolo de Kyoto y parte de los 10 países más contaminantes del mundo (2004), y teniendo la imperiosa necesidad de financiar el brutal déficit acumulado.
A la vista de los hechos, el gobierno solo tendría tres opciones para implementar la reforma tributaria:

-Impuestos indirectos, entre ellos los medioambientales,
-Sobre el consumo, a través principalmente del IVA.
-Impuestos directos, sobre el capital, pero con moderación, como hemos visto somos el país donde más han crecido.
Desgraciadamente, hemos llegado a la disyuntiva donde el puzzle parecería no encajar por ningún lado, las declaraciones de uno y otro, no hacen sino enturbiar aún más el complejo panorama que vivimos, por lo que, el gobierno y sus políticos debieran hacer menos declaraciones de defensa de las clases populares, y trabajar más para una recuperación económica integral dado el alto grado de interdependencia existente entre los distintos sectores de atención, en lugar de preocuparse en satisfacer sólo las reivindicaciones de las CC.AA, que por otra parte, son las mayores generadoras del endeudamiento público. Iván Ayala.

martes, 4 de agosto de 2009

La Cumbre del G8


CAFE CON POLITICAS, POR FAVOR...…
Última actualización 16/07/2009@23:14:56 GMT+1
En un mundo que avanza, alterar el diseño de la distribución del poder y la economía en el mundo implica cambios en los grupos de influencia en la medida en que se incorporan nuevos protagonistas. Por esta razón es que los espectadores nos preguntamos cuál será el escenario mundial que nos esperará al día siguiente de que termine la crisis global que estamos viviendo.

Es posible que hayamos presenciado a través de los medios de comunicación la última cumbre de un G-8 que ha dejado sobre la mesa los sedimentos con los que se van a planificar las líneas de la política internacional inmediata: crisis económica, cambio climático, comercio internacional, seguridad alimentaria… Evidentemente se avecinan cambios socio-políticos, ya que entran en escena los países emergentes y las consiguientes modificaciones en las relaciones entre el comercio internacional y el Estado. Los problemas de los que nos estamos resintiendo, especialmente los económicos, ponen en evidencia el abismo entre el esfuerzo de dar sensación de normalidad -con la que todos los gobiernos están revistiendo estos momentos- y los cambios que nos esperan. Las principales figuras de la política internacional están decidiendo el camino por el que va a transcurrir el futuro de miles de millones de personas sin que éstos tomen la palabra. Ante estas transformaciones, siempre será motivo de alarma recapitular toda la información que llega a la opinión pública con cuenta gotas; es el método para que unos pocos puedan estar prevenidos –y preparados para reaccionar ante los desafíos que se avecinan- sobre los cambios futuros, mientras que el resto –más de 6.000.000.000 millones de habitantes en el mundo- estamos en la casi inopia.Quizás estemos esperando que espontáneamente, como si hubiésemos recibido una inspiración celestial, surjan los “buenos paradigmas” que nos señalen el nuevo y “definitivo” orden mundial gracias al cual llegará la estabilidad. Sería una demostración de que somos capaces de superar esta crisis -no sólo económica sino de valores-, si sacamos provecho de la colaboración común entre estados y organizaciones internacionales. La condición para que esta transición se lleve a cabo dentro de un orden -sin que cunda el pánico-, es que se pueda llevar a cabo en el seno de reuniones de organizaciones como el G-4, G-20, G-5, etc…., es decir, siempre y cuando se pueda imponer por la fuerza de la razón y por el principio de la responsabilidad compartida un sistema de convivencia global que cambie las formas sin cambiar el fondo. Es que la decisión que habrá que aceptar no se plantea, porque ningún poder puede dejar en manos de la población la decisión entre el orden y el caos. Este guiño sobre el cambio nos presenta básicamente dos posibilidades de futuro. Una de ellas, -la más dramática e indeseable, y la que más miedo da- es que el fin de la crisis llegue cuando así lo indiquen las masas hastiadas. Es decir, cuando las manifestaciones populares sean tan masivas que nadie pueda controlar el resultado final, cuando por doquier la gente esté tan harta, que se produzca una revolución global –por otra parte inconcebible ya que una revolución no podría convivir con la condena internacional al terrorismo, que es una amenaza innegable y reconocida por el sentido común, pero cuyo reverso tenebroso consiste en que cualquier subversor puede ser acusado de terrorista ya que la opinión pública no es crítica, está educada para aceptar lo que sale en televisión como lo único verdadero y por tanto es dócil-. Esta es la opción menos deseable por los poderes mundiales ya que no les ofrece ninguna de las garantías que les permitirían perpetuarse. Por otra parte, la población del primer mundo -que está instalada en la comodidad-, sin lugar a dudas, requiere a cambio de una garantía de estabilidad el vasallaje general al sistema –el precio del consumismo-. Los países emergentes por su parte, tampoco pueden renunciar a ejercer los mecanismos de funcionamiento de un juego del que quieren ser parte. Desde luego, no es entonces una gran concesión cuando los países del “club G- 8” les incluyen en sus reuniones. Son necesarios para mantener la esperanza de una salida controlada y conveniente porque son parte de un gran mercado. Siempre que se ha presentado una crisis, es útil tener presente el proverbio de “a río revuelto, ganancia de pescadores” porque nos deja en el otro escenario posible. Imaginemos que la pobreza, las miserias, las enfermedades, el miedo, la inestabilidad han sido encauzadas para aceptar las condiciones de un nuevo mundo, no tan distinto del anterior, no tan nuevo.
La ganancia de esta crisis está en consonancia con su expectativa, estamos hablando de una pesca mayor que se traduciría en un gobierno global. Naturalmente en este ambicioso proyecto, los líderes mundiales son las “prima donnas” de la parrilla de salida. Un ejemplo es Sarkozy que, sin presidir un país que esté entre las cinco primeras economías dominantes del mundo, intenta situarse ofreciendo ideas, posturas, pensamientos solventes –como un mundo multipolar y multimonetario-. Otro candidato visible a todas luces, es Obama que está haciendo una campaña de sí mismo de proyección internacional, esto llama particularmente la atención puesto que los estadounidenses suelen protestar cuando un presidente se ocupa tanto de los asuntos internacionales y desatiende los problemas de casa. Ahora que, según la ONU , hay más de mil millones de personas sufriendo hambre por esta crisis, no hay un líder de los desarrapados, siguen sin tener voz a pesar de su número; en realidad las cosas no cambian tanto.
La globalización sumada a la crisis es el caldo perfecto para dejar instalado un gobierno mundial que pone a prueba las costuras de la democracia tradicional. Lo que se está decidiendo está entre trabajar para el sistema y vivir de él, aunque sea bajo un gobierno mundial, o crear una verdadera alternativa que nos acerque a una vida que reconozcamos mejor, y que no se asiente sobre unos pies de barro reforzados con el hormigón armado del dinero y el consumismo. En un mundo que se está fracturando, no por hechos ideológicos, sino por condicionantes económicas y demográficas cuyas consecuencias rebasan los cálculos políticos, parece que hemos presenciado la última reunión de Grupo de los 8. Las amplias sonrisas y apretones de mano de los líderes mundiales durante las conferencias de un G-8 condicionado por la crisis global y por la entrada en la escena internacional de nuevos actores y desafíos, parecen anunciar que disponen de una información que, a ellos, les permite transmitir tranquilidad. Es un fuerte contraste con el peligroso barómetro de la temperatura mundial: la insatisfacción y el descontento; ante ello parece no caber una tercera postura que se dispute la titularidad del nuevo paradigma. No basta con revisar el patrón dólar, parar las subastas extranjeras de millones de hectáreas del “tercer mundo”, comprometerse a ayudar a los países pobres y a respetar el medio ambiente y los recursos naturales, incluir en el club a las economías emergentes, contentar a las poblaciones….. No son remedios, sólo son medidas que apuntalan la crisis para que el mundo tal como lo conocemos no se caiga sobre nuestras cabezas. Los líderes mundiales pueden seguir postergando la decisión, pero éste sigue siendo un momento de grandes decisiones para todos los individuos y de visiones conscientes de líderes preclaros, lástima que no haya material para ninguna de las dos cosas. Fedra Chavez

jueves, 26 de febrero de 2009

Europa un cadaver informático

Europa cadáver informático. El Eniac y el Mark I fueron los primeros ordenadores que el hombre había utilizado en los cálculos científicos, ambos artilugios antes que ordenadores vistos desde hoy eran ambientes repletos de bombillas con kilómetros de cables conectados, sin embargo con un ruido impresionante y despedía elevadas temeperaturas, aquellos dieron nacimiento a los equipos que hoy conocemos. En poco más de medio siglo, se ha constituido una gama importante de equipos en todos los dominios, ellos se distribuyen desde los hogares, los servicios hasta la industria, sobrepasando muchas veces nuestra capacidad de entendimiento, porque sus programas exigen adaptarnos, en lugar de que ellos se adapten a nosotros, a pesar de ello, constituido como el oxígeno de nuestras vida cotidiana.
Desde entonces vivimos en ese delirio que son las nuevas tecnologías, los creadores se apoderan de nuestro tiempo, esfuerzo y dinero, los beneficios los disfrutan principalmente empresas americanas, japonesas y últimamente chinas y coreanas. A pesar de los retornos económicos substanciales del “hardware” y el “software”, comprendiendo ambos términos al conjunto de equipos, materiales y programas utilizados, para el tratamiento de datos, textos y comunicación.
La presencia europea en éste fabuloso mercado sigue siendo simbólico, de hecho, la tarta de millones de euros que supone el negocio informático, no parece preocupar a los gobiernos europeos, la limitanda capcidad tecnológica desarrollada nos hemos convertido en meros consumidores, los gobierno observan satisfechos la modernización de sus países, mientras sus mercados se inundan con productos que llegan de todos los rincones, donde los americanos y los asiáticos con su rodillo tecnológico hacen tabla rasa, privando a la población de oportunidades de trabajo y negocio de gran calado, es de suponer, que este grado de desatención comporta una sangría de recursos que debiera preocupar al conjunto de los países europeos.
Los dirigentes políticos, no parecen advertir, el riesgo que representa un modelo de consumo que se expande sin fronteras, por el contrario, hay campañas promovidas desde la administración, para aumentar el consumo de tales artilugios. Sin desconocer las virtudes y la importancia estratégica que encierra el sector, no es del todo comprensible renunciar al desarrollo de una tecnología propia para competir en todos los mercado del mundo, menos lógico todavía es entregar un mercado de una talla de casi 500 millones, con la entrada de ingenios de alto consumo, que se exiben como la moda o peor que ella, como la droga. El ciudadano como otro autómata, se sumerge en los nuevos inventos, aunque incomode a sus bolsillos y le quite tiempo de ocio y tranquilidad para otros fines más productivos, hay poco escrito sobre la sociología de este consumo, pero ésto sería motivo de otro comentario, lo mismo que los efectos que produce sobre la infancia el mundo del software para los niños.

No es de ley que vivamos expuestos cada minuto a los trucos de una industria que impone sus reglas y nos conduce e induce, como corderitos al consumo obsesivo del enjambre de productos que a diario produce la industria. Lo peor de todo, que ella florezca sin apenas una normativa clara, que controle la calidad de los productos, sólo basta una etiqueta CE para dar bienvenida en nuestros hogares, y ajustarnos al dictado tecnológico del fabricante, cuyos productos hablan mucho de sus virtudes, pero muy poco de sus defectos, así nos convierten en esclavos consumistas de un ávido y árido tinglado. Si hay brete en el camino, con frecuencia tenemos que apañamos sólos (en silencio) para evitar el cadalso social, que es desconocer la última usanza, la imposición es tal, no importa el trabajo que hagas, estas obligado a conocerlo aunque nunca lo utilices, si puedes pagar un curso de formación acelerada, y, cuando has llegado a dominarlo, te das cuenta lo tarde que has llegado, porque la última versión actualizada del programa X.O ya se exhibe en el mercado, sin contar que muchos programas se han lanzado sin los controles de calidad debidos y por supuesto sin la mínima compatibilidad con las versiones precedentes, donde el tonto sigues siendo tú ¡manda … ¡.
El negocio informático, como se ha dicho, empezó con los americanos, pronto la globalización dejó en las sabias manos de los mandarines chinos, en poco tiempo, se ha producido tal cantidad de productos, que es caótico distinguir qué es qué ni cuál es cuál, la misma impresión causa la gama de partes que componen un producto, no sólo por la variedad sino por la cantidad, precio y tamaño. Para entrar en la cadena de usuarios debemos saber elegir el qué y el cómo, dada la velocidad de obsolescencia tecnológica, también importa conocer el cuándo adquirir un equipo, ya que la panoplia de productos vienen ensamblados con tecnologías imposibles de entender para el corriente, y menos saber porqué falla un equipo. Los chinos te lo ponen fácil, todo es compatible con todo, y otros tantos clónicos que emulan al original, aquí no hay garantías, pero se vende a un precio como el todo a 100, el invento de los chinos aparentemente funciona, pero acaba siendo como el truco de la estampita, te hace feliz por un momento ya que te ha costado “poco”, por lo mismo, el encanto te ha durado poco. Frente a un problema, mediando una garantía tienes que comunicarte con el fabricante o el representante, que está a cientos de kilómetros, sino a miles, inicia otra maratón de comunicaciones (traga); mientras tanto, encontramos un “manitas”, quien dadas tus/sus circunstancias, te aconseja un equipo que es otra “ganga” y te sale menos que la mano de obra (otra vez vienen los chinos), te ofrece su asistencia personal, de esta manera, los trastos tecnológicos sin haber llegado a usar sus Megas o Gigas de memoria y disco duro, se apilan en el museo de nuestros hogares reducidos esperando que un día los recuperes, (que nunca llega), quién dijo confort o contaminación, ¡cuánto derroche!. Quién nos defiende de esta dictadura furibunda que nos invade sin remedio.

Prefiriera no hablar de los programas (software), porque es más caótico todavía, y es donde se incuba los peores males del invento, a causa del virus cibernético que inoculan en nuestros aparatos, sobre quién está detrás de estos chismes, hay mucha conjetura, algunos dicen, que ellos funcionan como los seguros, los ambientalistas dicen, quien contamina paga, aquí parece ser, que el que contamina cobra, así que los antivirus son el valuarte que nos protege (?) aunque con fecha de caducidad, y sigue el mangoneo del que se nutren ahora doctores que se alimentan de nuestra pírrica formación. Recientemente Microsoft nos previene de futuros ataques de virus, que pondrían paralizar nuestros/sus sistemas, ya que, un personal clave de la industria fue despedido de la firma (1.5 millones) quienes estarían detrás de dichos actos de piratería, así que debemos vacunarnos pronto con los antídotos que nos anuncia el vendedor de siempre.

El diseño de la industria, se basa en un estudio minucioso de la conducta del consumidor (tratamiento de datos y textos, comunicación, juegos, etc.), el método consiste en que uno (hardware-equipos) demanda el concurso del otro (programas-software), con el cuento de que la última versión es la mejor, pero requiere...., adaptarse o morir “poniendo”, ahí vienen sucesivas versiones, ampliaciones, y finalmente desemboca el nuevo equipo, algunas veces con extras gratis, prometiendo utilidades y servicios para seguir chupando de la osamenta que cargamos. Saber dónde está el origen del problema, es como el huevo y la gallina, cuál es primero. Lo cierto es que la estrategia está montada para que la industria tenga la máxima expansión posible, son una suerte de economías de escala, no para facilitar el uso, sino aprovechar mayores niveles de consumo y beneficio que se generan en cada tramo del negocio.

En éste complejo mercado, Microsoft (software) campea en el orbe a sus anchas, su omnipresencia acapara los máximos beneficios, su poder es tal que no permite el desarrollo de sistemas alternativos, cuando adquirimos un equipo, el rey americano entra, con derecho de pernada, siendo el primero en meterse en tú equipo, con sus dos programas estrella MSDOS y su administrador de aplicaciones (Windows). Aunque Linux es gratuito pero se enfrenta en solitario, sus aplicaciones (programas) son limitadas, mientras que en el entorno del primero se escriben la mayor parte de programas.
A los gobiernos les ciega el vendaje del IVA, de vez en cuando la UE demanda a Microsoft porque infringe las reglas de la Competencia, muchos se preguntaran quienes son sus concurrentes europeos, ya que Linux es también americano, o defendemos a los suministradores asiáticos, que en su mayor parte son los maestros del hardware (China y Japón), seguramente se quiere proteger al software europeo producido y que Microsoft dificulta su total compatibilidad. Aunque yo prefiero preguntarme, Porqué en Europa hay tanta orfandad en el conjunto de este tipo de tecnologías, a lo mejor, no sea el caso, en los ordenadores de gran talla, pero aún ahí, Siemens (Alemania) subsiste en el mercado europeo aliándose con Fujitsu (Japón), y la pobre Olivetti sucumbió después de muchas vicisitudes, los chinos con sus baratijas se lo cargaron. Cuando la salud del sector bien podría nutrirse de los beneficios de su propia tecnología, Cuánto empleo se pierde por la inacción tanto del sector público, privado como de los centros de excelencia en materia de investigación, recuperar las capacidades, promoverlas y coordinarlas debería ser una de las prioridades de los gobiernos y del conjunto de la Unión, sólo así podremos competir de igual a igual. Si hemos logrado construir el avión más grande, moderno y rápido del mundo el Airbus y antes el Concord, y seguramente usando tecnologías punta no europeas, a causa de las patentes con lo que elevamos los precios finales del producto, lo peor de esto es, que dejamos al descubierto nuestro saber hacer tecnológico, actuando a la inversa evitaríamos seguir siendo una servidumbre americana o asiática.
Lo más delicado y sensible de esta terrible dependencia, son las comunicaciones, donde Internet es un problema mayor que nos desprotege, una tecnología de comunicación propia nos daría no sólo mayor protección, sino mayor entidad internacional y seguridad para defender el modelo de desarrollo europeo (democracia, mercado, tecnología). A día de hoy, se observa que somos tan fuertes como débiles según el estado de ánimo de nuestro socio americano.
Creo que sería el momento para que Europa despertara de ese traumático letargo que significó la guerra, evitando que otros países sigan tirando el carro del desarrollo, la convivencia universal, y la seguridad debían ser una responsabilidad primaria de Europa desde todos los dominios de control. La ausencia de un sistema propio nos traerá en el futuro más beneficios que dificultades, debemos defender a los millones consumidores europeos de los males que aquejan al sector.
Otro aspecto a tener en cuenta, es la regulación, si bien es cierto, que las nuevas tecnologías facilitan gran parte del trabajo de las personas, pero también les quita gran parte de su bienestar, lo que nos da por un lado, no los quita por el otro, el modelo liberal de mercado podría mejorar bastante, sólo ver las fallas recientes del fiasco financiero y económico, la contaminación, la inseguridad, y el terrorismo, por citar algunos son parte del menu de nuestros días. Incluso la situación de debacle que sopesan los países, viene dada por el inadecuado uso de dichas tecnologías, porque ellas encubrieron durante años suculentos negocios y beneficios a espaldas de los controles públicos y del ciudadano, al abrigo de una equivocada desbocada automatización. C.Ayala. 1202.09

miércoles, 25 de febrero de 2009

El precio de las mentiras

Equivocarse no es mentir. Pero equivocarse muchas veces es peor que mentir. Tengo una pregunta para usted, el programa de TV dónde el presidente de Gobierno se explayó una vez más hablando mucho, pero diciendo poco; con un tremendo estilo controlado sonriendo a veces a las preguntas que formulaban los participantes, pasó muchos aprietos sobre el pleno empleo y el paro, y otros que quedaron en el tintero, manejado hábilmente por el moderador, que permitió que el diluvio se convirtiera en tormenta de preguntas. Sobre la crisis reconoció que se equivocó, pero según él, no mintió, no obstante, cuando uno tiene en sus manos informaciones relevantes de distintas fuentes, independiente, y contrastadas, tanto internamente, como por organismos internacionales, y no admitir por obvios intereses, o informar distorsionadamente a la opinión, o incluso estar ciego frente a una evidencia, equivocarse con un propósito, es un pecado mayor que la mentira, diga lo que diga el Sr. ZP, ya no vale ninguna disculpa, porque los hechos superan con creces lo que estaba sentenciado, aún así no reconocer el error, es menos digno todavía.
Deja por sentado, que cometió errores, si lo hizo sabiendo las consecuencias, como es de suponer, es aún más grave, porque ha exagerado vanamente la situación de bienestar con ese su optimismo vacuo que lo caracteriza, y muchos lo hemos creído.
Por la importancia y la entidad de dichos fallos, debería ser suficiente para obligarle a responder ante las instancias competentes, porque dice mucho, de la escasa o falta de capacidad o voluntad para gobernar seriamente el destino del país, no se puede dejar que la inacción o la improvisación política y económica sea reemplazada por la inercia de un sistema, que anda a marchas forzadas con velocidades disparejas de un Estado de Autonomías montado que sólo él y los nacionalistas son capaces de comprender.
La magia de las palabras puede tranquilizar al pueblo en un momento dado, pero la realidad más temprano que tarde acaba siempre tocando las puertas. Ahora estamos en esas, los errores continuos de Zapatero han dejado profundas huellas en la economía del país. En los países anglosajones y en USA estos actos (de equivocarse) se los trata peor que a las mentiras, un gobierno no debiera permitirse el lujo de equivocarse; ya que está empeñado en sus manos, el destino de millones de ciudadanos y empresas, que dependen cada minuto de la acción de sus administradores.
Alguien dijo que cuando los hombres no pueden cambiar las cosas generalmente cambian las palabras, en la sopa de respuestas ZP admitió repetidamente sus errores, sobre el pleno empleo, según él, nunca prometió y que él había dicho que sería su objetivo (otra mentira), será por eso que el paro no para corre que vuela superando la marca de los 3.5 millones y esto, según sus estadísticas que siempre llevan trampa, falta saber, si el Gob. hizo algo para evitar este colapso, o sigue esperando que esa gran maquinaria que llama “fortaleza de España” lo resuelva todo, si es así, apaga y vámonos. Porque en un mundo global, no hay fortaleza que resista a tantos errores sistemáticos, sin una buena dirección y apoyo con medios y recursos imaginativos, la muralla acabará sucumbiendo, si no lo ha hecho ya. Lo seguro es que tanta fantasía acabe estrangulándonos a todos y se convierta en el monstruo de todos los errores, lo peor, no es lo que le pase a ZP, porque los gobiernos cambian, sino, lo que le costará al país recuperarse del batacazo (caso Bush), por ese sueño onírico de ver a un país, donde no pasa nada, aunque esto sea lo único cierto, pero, refiriéndose a él mismo, porque ZP vive cómodamente rodeado de su harén y la masa de conejeros monclovitas que lo adulan.
En este instante, para sacarnos del bache hace falta, no sólo ganas de luchar, como él dijo tener, ni siquiera confiar en la fortaleza de la confundida España o las Españas (que mejor entiende ZP) sino, el concurso de ideas, imaginación, planes, proyectos, propuestas, estrategias de desarrollo, organización, moderación del gasto público, inversiones productivas, crédito, reconversión de los sectores, investigación, etc. donde se observa grandes carencias profesionales del equipo de Gob. para provocar un “Fast track” de choque para mitigar las dificultades que pesan. Es inútil esperar que los bancos resuelvan nuestros problemas, éstos con superar sus traumas inmobiliarios ya tienen mucho, cómo mantener los beneficios en medio del vendaval de la crisis será otra parte de sus problemas o lo mismo que ZP pueden optar que repose el tiempo apoyados en la fortaleza de su sistema mientras tanto tapar sus huecos con la ayuda del Estado.
En todo este tiempo, el gobierno ha dado muestra de su escasa reacción frente a la crisis, si no queremos sopesar mayores males sería bueno pasar del escaparate al terreno de los hechos y la acción, esperando que las soluciones no acabaran desvalijando el patrimonio del país, que de eso hay mucho, sólo basta mencionar, las 80 toneladas de oro que los eruditos de Economía, despojaron de las arcas del tesoro, dejándonos tragar que los activos líquidos eran más rentables que el oro, a estas alturas, me gustaría saber si todavía sostienen semejante temeridad, también desearia que los fondos obtenidos con la venta del oro, no hayan ido a parar a la tesoreria del “edge funds” que el tramposo Madoff convirtió en agua de borraja. C. Ayala. 28-01-09.

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