Buscar este blog

Mostrando entradas con la etiqueta responsabilidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta responsabilidad. Mostrar todas las entradas

lunes, 20 de julio de 2009

La inmoralidad política

"Pertenezco por convicción y talante a esa mayoría de ciudadanos que desean hablar un lenguaje moderado, de concordia y conciliación”. palabras del discurso hecho por Adolfo Suárez el 7 de junio de 1976 durante la toma de posesión de la Presidencia de Gobierno.Evoco aquellas palabras de Suárez, quien pretendía conciliar los males que aquejaron en el pasado y que podían pesar todavía en la conciencia ciudadana del presente, aquel político recomendaba también la participación activa del pueblo, al tiempo que pedía a los políticos un comportamiento mesurado para superar las diferencias y recorrer sosegada y ordenadamente los vericuetos de la democracia que ansiaban los españoles.
Aunque ha corrido mucha agua del tiempo del discurso y las circunstancias actuales, no por ello, sus palabras dejan de tener vigencia, lo mismo que el tenor de sus ideas, puesto que, cada día se aprecia en el país cierta convulsión social, política y económica que se reproduce cada vez que se intenta limar las desigualdades (regionales, económicas, de género, culturales, ligüísticas, etc.). En los últimos años hemos pasado del modelo de concordia del ‘76, donde todas las fuerzas políticas renunciaron a sus exigencias para llegar al consenso Constitucional que iluminó la democracia. No obstante, es notable el grado de “entropía social” que emerge del poder de las nuevas Autonomías y el tratamiento que da el Gob. a la igualdad en todos sus extremos, cuyo resultado está dando lugar a otras diferencias que intranquilizan a la sociedad. Un fenómeno que se observa, tanto en las fuerzas políticas mal llamadas de izquierdas como en las aún peor calificadas de derechas, en efecto, la práctica política, ha hecho tabla raza de los conceptos ideológicos en boga en el pasado, como el, comunismo, el marxismo, el anarquismo, el nacional socialismo, etc. cuyas ideologías la democracia y el mercado han convertido, en idearios obsoletos como formas para gobernar un Estado.
Hay una gran diferencia entre la política desarrollada en 1976 y la que obra en el presente, con la ayuda de la nueva generación de políticos, muchos de ellos, improvisados o preparados para un “tête-à-tête” contra atacar las opiniones del adversario político con un discurso simplón, exento de cualquier planteamiento serio, o iniciativas que revistan programas y propuestas para sacar nuestro país del estado bien encallado que está y cambiar el rumbo del desarrollo. Por el contrario, los políticos se mueven en refriegas corrientes y ordinarias, sin una magra propuesta de entidad como merecería un Estado para abordar sus problemas esenciales, el discurso sólo convence a su propia clientela y sus acólitos, mientras tanto, la crisis económica sigue avasallando a grandes masas de humildes españoles, donde los profesionales huyen de su país para buscar trabajo, esta nueva versión de patera, no hace más que dañar la imagen del país comprometiendo su futuro por la fuga de cerebros que supone.
En 1976 se pretendía hacer un país democráticamente ordenado, se concentró los esfuerzos y la buena voluntad, renunciando incluso a todo aquello que fuera motivo de división y separación, con tal de alcanzar un acuerdo que permitiese la construcción de un Estado nacional. Hoy en día aquel consenso se ha quebrado, el desarrollo de las Autonomías representa el mayor peso para la cohesión del país, algunas de éstas aventajadas por el apoyo del Gob. Después de haber recibido grandes competencias, hoy piden independencia y actúan en muchos casos como si ya lo fueran.
Por otro lado, nadie duda que nuestra democracia está tocada, los partidos son los primeros en condenarla, para llevar adelante sus objetivos se penaliza incluso a los que discrepan del rumbo del Gob. , al extremo de extirpar de su seno a los que no acuerdan con la nomenclatura impuesta por el jefe del partido (PSOE –Rosa Diez). Se exige disciplina de voto y de opinión dentro y fuera del partido, un método que aplican a raja tabla la nueva ola de iluminados políticos que anteponen sus intereses personales antes que la del partido o del país. Con esto se consigue dos grandes males: a) El parlamentario responde al líder antes que al partido, o a su conciencia o a sus principios. b) Las votaciones en la Cámara de Diputados para aprobar determinadas leyes, la dirección del partido acuerda previamente con otras organizaciones políticas buscando asociaciones y apoyos inverosímiles en asuntos que nada tienen que ver con la votación. Es entonces cuando se recurre a la disciplina del voto para callar las conciencias. Por otra parte, la aplicación de la norma de votación abierta, con el nombre de cada votante para que se pronuncie a favor, en contra o se abstenga de votar, es antidemocrática, porque controla el voto del votante, limitando la libertad de expresión parlamentaria. Así se forman las mayorías que legitiman las leyes más extravagantes que hemos tenido en estos últimos años (ley del aborto, educación, género, matrimonios Gay, divorcios, Estatutos Autonómicos, etc.).
Si las votaciones fuesen secretas y sólo se escrutase el número de votos para aprobar o no una ley sometida al debate parlamentario, la cosa sería muy diferente porque la democracia por si sola pondría los filtros necesarios que nos da el sentido común, y los políticos votarían con responsabilidad y conciencia acercándose al interés general del ciudadano y del país, porque el político y el partido, no siempre llevan la razón, y menos cuando los dirigentes muestran consecutivamente dudosas capacidades para gobernar el país en beneficio del conjunto de los ciudadanos.Por otra parte, el sistema político está pensado y estructurado para hacer que los grandes partidos sean los únicos beneficiarios, lo malo viene, cuando éstos han perdido el norte nacional, sólo les preocupa n cómo retener el voto para alcanzar el objetivo, seguir gobernando al precio que sea. Para romper las diferencias, escarban el voto en los recónditos sectores de la población, que reivindican circunstancias particulares y menos el conjunto del país, ente ellos, unos reivindican prohibirlo todo (los verdes), otros permitirlo todo (colectivos gay), otros igualarlo todo (género), la paradoja se da cuendo estos grupos acaban finalmente imponiendo sus razones y sus métodos, donde la opinión mayoritaria viene a ser algo marginal, cuenta poco el voto como una carga moral, como una misión para cumplir sus expectativas de bienestar, de crecimiento y de calidad de vida de la sociedad.

Para evitar aquellos despropósitos, y velar por los intereses nacionales sería deseable introducir reformas en el sistema de votación, estos cambios permitirían activar nuestra democracia que adormece en el seno de los partidos, en las Cámaras autonómicas y nacional. De la misma manera, la democracia debe extenderse a la ley electoral y al sistema de votación nacional, no es comprensible que el gobierno recaiga casi siempre en uno de los dos únicos partidos, impidiendo el desarrollo y la incorporación de nuevos partidos a la política nacional, para dar un nuevo enfoque y visión del país.
Sin embargo, el ciudadano tiene la obligación moral de evitar que los partidos consigan su voto sin compromiso alguno por su parte. El ciudadano debe exigir a sus representantes políticos que la acción de gobernar lleva emparejada una serie de obligaciones, como el cumplimiento de los conceptos básicos que todo cargo público debería observar: TRANSPARENCIA, HONORABILIDAD Y ETICA EN TODAS SUS ACTUACIONES y sacrificio personal. Estos valores se han perdido, en su lugar la corrupción campea desbocado, vivimos inmersos en continuas disputas judiciales y denuncias. Si existiese un código de conducta que exigiese a todo el arco político un cumplimiento estricto de las normas contenidas en ese código, las intervenciones judiciales se limitarían a la persecución de todos aquellos “pseudo delincuentes” que estarían ya expulsados de sus correspondientes partidos y sobre los que actuaría la ley si fuera necesario.
No dudo que haya un compromiso moral entre algunos políticos para desarrollar su actividad de forma clara, transparente y cumpliendo en todo momento un código ético en su conducta. El problema es, que no hay leyes que lo impidan dentro y fuera del partido. A diario vemos como líderes políticos de todos los partidos son imputados por delitos de corrupción, cohecho, malversación de fondos, etc. Y no pasa nada. Si se cumpliese dicho código, ya habrían sido expulsados del partido muchos de ellos, impidiendo que la mano de la política sea cada vez más larga. A pesar de ello, el partido tiene una obligación ante la ciudadanía de dar seguridad y transparencia de sus actos. Lo que ocurre en el país es grave, y no existe ninguna actuación seria de parte de nuestros representantes. Solo se oyen débiles argumentos para negar las acusaciones de irregularidad, muchas de ellas producidas casualmente o por iniciativa del partido contrario, lo que está claro es, que hay poco interés para quitar de raíz esta lacra en la que están metidos los políticos desde hace bastantes años. No poner coto a estos hechos desprestigia a toda la clase política, y el país por entero paga las consecuencias, no debemos olvidar que este tipo de corrupción da origen a otros más comunes, que se escudan en el ejemplo de los padres de la patria.
Debemos insistir que es el momento de crear una PLATAFORMA DE TOLERANCIA CERO A LA CORRUPCION POLITICA, el ciudadano debe tomar las calles para combatir a los mal hechores con medios legales, debemos proyectar el eco de la inmoralidad política en toda la sociedad recogiendo firmas para EXIGIR a las formaciones políticas que creen “un Comité de Disciplina Permanente” en el PARLAMENTO, encargado de supervisar las denuncias sobre actuaciones contra la ETICA POLITICA de los parlamentarios y OFICINAS DE DENUNCIA POLITICA en cada ayuntamiento de toda la geografía nacional. La composición del Comité de Disciplina debería estar formada por ciudadanos de toda solvencia moral, ajena a los partidos políticos y por lo tanto fuera de su “poder fáctico”, y sobre todo con autoridad legal para apartar o recomendar “públicamente” el alejamiento de su actividad política a todos aquellos miembros que sean condenados por dicho Comité. Eugenio Aguirre.

miércoles, 3 de junio de 2009

TOLERANCIA CERO A LA CORRUPCION POLITICA

Estamos a las puertas de las elecciones al Parlamento Europeo y uno se pregunta si realmente merece la pena molestarse en dar un voto a cualquier partido político, sabiendo que sus promesas serán utilizadas únicamente, para hacer valer sus propios intereses partidistas. Por eso muchos dudan, del sentido que tiene votar a izquierdas o a derechas, si tanto unos como otros van a orientar sus actos, con el único fin, de mantenerse en el poder y cosechar sus pingues beneficios, apartándose casi por completo, de los intereses del ciudadano, sin preocuparse de sus necesidades más sentidas, de aquellos que con esfuerzo han formado a sus hijos y los ven partir fuera del país con dolor para buscarse un empleo, o después de completar una carrera no les queda otra que trabajar de camarero o de taxista o de lo que sea, o aquel que su pobreza le impidió el acceso a un conocimiento, tiene que bregar con la masa de inmigrantes por un salario de miseria. Es aún más lamentable que esto pase con un gobierno que se hace llamar socialista. Dónde está el derecho, dónde la libertad y para qué nos sirve, cuando estos en la democracia, no actúan por sí solos y quienes debían hacer cumplir (los partidos) andan sueltos de la sociedad, preocupados en proteger sus propios intereses, entre ellos el más importante, el mantenerse en el poder. Así, todo su empeño se encamina hacia ese fin supremo, con su protagonismo social, su entusiasmo y desvelo se rodean de los íntimos, del círculo de amiguetes y familia, en cuyo medio florecen los "lobbies", que es la fuente inagotable de recursos que fluyen y huyen del Estado, privándoles así, de sus derechos más elementales como: el estudio, el trabajo, la vivienda, etc. a los desafortunados del reino. Muchos creen que participar en unas elecciones, sirve de poco o nada, y esto será así, mientras el ciudadano no vea un cambio fundamental en la actitud de los partidos políticos.

La mancha de corrupción existente en nuestra clase política, llega hasta las esferas más bajas de su estructura. En estos últimos años, se ha producido una política subordinada a los intereses del "lobby", debilitando el funcionamiento regular de las instituciones. En el perfil de aquellos existe casi una apatía, una negligencia en el cumplimiento de su mandato, en lugar de trabajar para los intereses del Estado y del ciudadano, lo hacen para los grupos del poder fáctico. Esto ha provocado un divorcio entre la sociedad y la clase política. Los partidos actúan como empresas; como una gran familia, una forma de "cosa nostra", donde cosechan decenas de miles de personas. Si pierden las elecciones, y alguien las tiene que perder, perderán su puesto de trabajo. Si las ganan, estos son los prohombres que encontraremos dirigiendo grandes empresas nacionales, asesores en la administración y otros innumerables puestos dedicados al proyecto del partido. Y digo yo, para qué sirven los concursos..? y otro contesta, para legalizar la entrada de un elemento del sistema, para que legitimar lo ilegítimo.

Esta masa de prohombres, no tienen ninguna formación política, incluso en muchos casos diría yo, ninguna formación, todos recordarán a un tal Roldán del PSOE que administró buena parte de los fondos reservados, a favor de un grupo restringido de privilegiados políticos, un don nadie, que decía ser economista a quien sólo le faltaba ser ministro. Como es natural éstos, no tienen ningún compromiso con el pueblo; su compromiso lo tienen únicamente con ellos mismos y con la persona (el padrino) quien les ha puesto en el cargo. A estos prohombres no les pidas honestidad política, aunque han sido elegidos por los propios políticos y debieran estar sometidos a ella, pero no son políticos, son “allegados” y como tales sus miras y acciones son limitadas, pero como operadores de base son fieles a sus patrones y padrinos.
Para mantenerse en la lucha política, es necesario contar con equipos, personas y medios que dediquen todo su esfuerzo en alcanzar el proyecto, al que se dedican en exclusividad y del cual dependen para su pervivencia política y económica; ésta unión de intereses, es la dinámica que los mantiene unidos en el poder gracias al interés común que tienen que proteger. Se juegan demasiado, tanto dirigentes como la masa de gente que arrastra detrás, alimentan la maquinaria con los recursos del Estado para seguir mangoneando del régimen establecido. Lógicamente, a esta masa hay que pagarla. La materia prima del negocio es conseguir acuerdos (contratos) con instituciones, tanto privadas como públicas, financiaciones, ayudas, regalos, dádivas y todo tipo de medios que permitan la cosecución de los fines. La premisa fundamental, es que los dirigentes sean siempre ajenos a cualquier medio o transacción ilegitima que se produzca en el ámbito de las operaciones. Su honradez debe estar a toda prueba y si alguno de sus colaboradores ha enfrentado juegos de interés, probado por la justicia, naturalmente, y si es declarado culpable, debería ser apartado del equipo y de la permanencia en el partido, más que por corrupto, por torpe y para que sirva de lección al resto del equipo.

El mercado inmobiliario en España ha tenido una gran influencia durante estos años en la corrupción en el que todavía estamos inmersos. El mismo ha contribuido a mantener las arcas de los grandes partidos y lógicamente los precios del producto final llegaron altamente encarecidos por esos grandes gastos hechos en la cadena de intereses del poder. La corrupción política para mantener el sistema, se ha extendido hasta los pequeños poblados de la geografía española, sin que haya sido objeto de persecución legal de ningún, mucho menos de los dirigente político de altos vuelos. ¡Faltaría más!.
Lo peor de todo es que este régimen de intereses, se ha ido hilvanando en el seno de la sociedad como algo natural, tal proceso sigue los ritmos del calor de nuestras regiones geográficas, en las zonas más calientes se aprecia más que en las frías. El límite de hasta dónde se puede llegar, lo marca la justicia, ya no la ética, ni la honradez, ni cualquier otro concepto al que se debieran acogerse la clase política, muchos de ellos nos representa ante el mundo entero. Esos principios se echan en falta en nuestra clase poltica, el punto más crucial que deberíamos exigir a nuestros dirigentes políticos de cualquier ideología, o a cualquier representante público en cualquier servicio del Estado.
Esa manía tan extendida de los dirigentes políticos, de vivir que son dos días, sobre la cual se teje toda la economía, se trata en pocos medios, y pocas tertulias; sobre todo, lo echo de menos en las presentaciones televisivas de los propios dirigentes políticos. Cuando se hace mención de la corrupción política, a lo largo de la entrevista, el único comentario que sale es “que también ellos son humanos”. Es decir, eso no tiene ninguna importancia y no merece la pena hablar de ello.

Mi opinión y el de muchos ciudadanos es que aquellos comportamientos corruptos no debían tomarse a la ligera, como algo banal, al contrario, debía preocuparnos y mucho. Debemos evitar que la picaresca y la cultura del pelotazo vaya despojando los valores que hemos acumulado durante años, la sociedad debía tener nuevos patrones, nuevos modelos en quien reflejarse, en lugar de ver como carca y antiguo, la cultura que nos dejaron nuestros padres y abuelos. Este desgaste social, es conveniente atajarlo antes de que se convierta en un mal nacional, si es que ya no lo es, claro.

Si los líderes nacionales del espectro político adolecen de conceptos éticos, sin crítica ni autocrítica que regule sus errores, ¿cómo pedir que lo hagan otros altos cargos de otras comunidades?, y encima, cuando ellos mismos son los que deciden los altos cargos del aparato judicial, del sistema financiero o de los organismos públicos. La crisis financiera que vivimos, se ha debido en gran medida a este proceso prolongado de perfeccionamiento de la corrupción, que ha ido engordando el mal y erosionando los valores y la moral del pueblo, donde la responsabilidad, la honradez, el esfuerzo, el deber, etc. brillan por su ausencia.

Yo no digo que esta corrupción y sobre todo el relajamiento existente en las instituciones en la aplicación de códigos de conducta, sea un problema exclusivamente nacional. No, no afirmo semejante cosa, pero sí, que en España se da en mayor proporción que en otros países de la Unión; con sólo mirar la crisis, nos damos cuenta, que un mismo problema ha afectado a todo Europa, pero en España parece un cataclismo, lo que muestra que vivíamos en una economía casi virtual, a causa de ese nefasto modelo de gestión de la cosa pública, sin propuestas ni alternativas haciendo sostenible la economía y el desarrollo.

Para acabar, tengo poca confianza, en una respuesta positiva de los partidos políticos para reconducir la deriva del Estado. Considero urgente, la creación de un organismo independiente, que analice los casos de corrupción, cuando hay indicios y mensajes que lo indican, sin o antes, de que intervenga la justicia y sobre todo que a ese organismo debía dotársele del poder necesario para recusar aquella morralla política que daña la honorabilidad de la clase política responsable. La composición de este organismo, en mi opinión, debiera estar formada por miembros procedentes del pueblo de toda solvencia intelectual y con experiencia probada en sus respectivos campos, con figuras que sean consideradas a priori honestas e independientes políticamente. Este organismo debería ser impuesto a la clase política a través de un acuerdo nacional entre el pueblo y sus líderes políticos.

Ya es hora de que la sociedad civil mostre su preocupación con la clase política, que nuestro voto no es un cheque en blanco por cuatro años, para que continúen los rifirrafes internos, dar escándalos de entidad, tanto dentro como fuera de España y mentir en cada momento al ciudadano sin pudor. No lo digo solamente por los dirigentes de un determinado color político, sino por la gran mayoría.

No es normal lo que ocurre, sino más bien intolerable. No merecen los ciudadanos que esas personas se rían descaradamente del pueblo gracias a su impunidad, y escasa moral y honorabilidad que tienen. Creo que es una obligación del ciudadano dar pautas para frenar la situación actual, debemos pues orientar proponiendo soluciones para que no pase lo que pasa y dejemos de escuchar esa maldita frase: tenemos los políticos que nos merecemos.

El voto no es el único acto democrático que le queda al ciudadano de a pié. Debería existir otras maneras de exigir y controlar el trabajo de los legisladores y el Gob. para que cumplan su mandato que les ha conferido el pueblo, y controlar si se cumplen las promesas electorales hechas, y para que el representante de turno de cuentas de sus actos ante sus electores, y lo más importante, demostrar transparencia de su gestión, honradez, y un comportamiento acorde con la entidad del cargo y todas las reglas no escritas que hacen de un líder un “hombre” integro.
Tal vez sea mucho pedir, que tanto la gestión política como la económica deberían estar a la altura de las expectativas del pueblo, aunque no se cumplieran, porque no depende exclusivamente de ellos, pero el esfuerzo, la honradez, la transparencia, el honor y la confianza del pueblo sí dependen exclusivamente de ellos. Y esto es lo que se va perdiendo y tal vez no lo hemos tenido nunca. Una democracia sin fundamentos morales como base de la convivencia, es como sembrar en el desierto. E. Aguirre-Kenito

Comentarios Políticos ARCADUS DIGITAL

Me importa tú opinión

Gracias por hacer parte tú comentario

Seguidores